Preguntas iniciales a la familia
En una primera entrevista con la
familia del alumno hay una serie de cosas que deberemos preguntar para poder
hacernos una idea de cómo es nuestro alumno, su entorno, su tipo de aprendizaje, su comportamiento
diario, qué le motiva y qué le desalienta. Qué situaciones le estresan y en cuáles
se siente más relajado, cómo es su tipo de aprendizaje, qué estrategias
siguieron con él en otros cursos y de ellas, cuáles funcionaron, cuáles son sus
inquietudes, etc.
Aunque no es conveniente hacer un
interrogatorio, a lo largo de la conversación algunas preguntas que podríamos “colar”
son:
Si toma medicación hay que saber a
qué horas le hace más efecto y a cuales ya se le pasa para poder programar las
actividades que requieren más atención en las horas en las que la medicación
está haciendo efecto.
¿En casa tiene un modo de vida ordenado, con
horarios organizados y con periodos de esparcimiento y ejercicio físico
claramente establecidos?
¿Han diseñado junto con él algún
tipo de rutina que deba seguir a la hora de hacer las cosas que menos le
gustan?
¿Tiene establecidos periodos de
tiempo en los que deba realizar sus tareas, con periodos de descanso entre
ellas?
¿Se refuerzan de forma clara los
esfuerzos realizados y los logros obtenidos?
¿Cuándo tiene un momento de crisis,
tienen alguna estrategia en casa para evitar que su enfado llegue a ser
extremo? ¿Una vez pasado el enfado, con calma, comentan con él lo que ha
ocurrido y reflexiona sobre ello?
¿En casa suelen encontrar y fomentar
sus virtudes, evitando juzgarle continuamente?
¿Procuran halagar sus méritos,
aunque sea por motivos aparentemente nimios y evitan las críticas continuadas?
¿Dedica la familia un momento cada
día a hablar con él, saber cómo se siente, qué le preocupa, cómo ha ido su día?
¿Conoce y comprende claramente las
normas que se aplican en casa?
Cuándo hay que darle algún tipo de
instrucción ¿se hace de forma directa, clara y concisa?
¿La familia es capaz de ignorar los
comportamientos negativos, la mayoría de las veces?
¿Existe una forma rutinaria de
advertirle que lo que está haciendo no es correcto y que tendrá unas
consecuencias?
Cuándo se le felicita o premia por
un buen comportamiento o por una tarea bien realizada ¿Se diferencia claramente
uno por uno?
A la hora de dar instrucciones ¿La
familia intenta utilizar siempre enunciados positivos?
¿Evitan castigar al alumno, salvo en
situaciones límite? ¿Qué estrategias utilizan con él?
A la hora de comunicarle algo
importante ¿Intentan elegir un momento en el que esté tranquilo y receptivo?
En caso de que la familia se sienta desbordada
¿Tienen a alguien de confianza a quien pedir ayuda?
En otras etapas ¿siguieron algún
tipo de pautas que le ayudaran con sus estudios?
Implicar a
la familia
Dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje
que se produce en las aulas, la implicación de la familia es fundamental, más
en el caso de alumnos y alumnas diagnosticadas con algún tipo de dificultad en
el aprendizaje o en el comportamiento.
Con las
familias de niños y niñas diagnosticadas
de TDAH, esta implicación es muy importante, puesto que hay que estar siempre
muy pendientes de ellos.
Diariamente,
el profesor debe revisar que lleva todas las tareas apuntadas en la agenda y la
familia debe supervisar que todas las actividades han sido realizadas, haciendo
constar en ella si ha habido algún tipo de dificultad en la realización.
Es
aconsejable que exista un medio rápido y confidencial de comunicación entre
padres y profesores (correo electrónico, Whatsapp…) que garantice una comunicación
bidireccional fluida, de forma que tanto los padres como los tutores (o los
profesores) puedan saber si ha habido algún tipo de incidencia y qué medidas se
han tomado.
Debe haber
reuniones periódicas entre el tutor y las familias para evaluar el progreso del
alumno y, en caso necesario, adoptar medidas consensuadas que conduzcan a la
consecución de los objetivos marcados.
Una reunión
a principio de curso entre el tutor, los padres y el equipo docente que va a trabajar
con el alumno, puede servir para que todos puedan conocer de primera mano cómo
se enfrenta el niño a las distintas asignaturas, las medidas efectivas que se
tomaron en cursos anteriores, cómo se puede hablar con él en caso de que surjan
conflictos, etc.
Si el niño
recibe tratamiento farmacológico y/o psicoterapéutico, la familia debe
comunicar al tutor cualquier variación en los mismos y, si el psicoterapeuta da
unas pautas a seguir deben ser comentadas con el equipo docente para poder
aplicarlas de forma unánime. El tutor debe comunicar a la familia cualquier
cambio que note en el alumno, para que estos puedan comentarla con el médico.
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